Capítulo IX
La alianza del rey Alobio con Norast
Luego de un tiempo de que Fatias hubiera sido asesinada, comenzaron a concentrarse con mayor ímpetu las muchas
fuerzas del ejército de Alobio en las tierras de Blacres, en forma pacífica,
pero demostrando que la alianza era muy poderosa.
Desde lejos, cruzando el gran río, el
rey de Norast, Posterien D´piono III, observaba cada paso que daba Alobio,
considerándolo uno de los mayores enemigos y más peligrosos de la historia de
su reinado. Posterien luchó bastante, no solo para salvaguardar al gran pueblo
de Norast, sino también en conquistas desalmadas, eliminando de la faz de la
tierra a cuanto pueblo pequeño se interpusiere entre sus pretensiones de
rapiña. Cuando al tiempo escuchó que Alobio seguía esa misma línea y se tornaba
a cada momento en un feroz contrincante, entendió que los tiempos de lidiar solo
en esa región habían concluido, y que nada más cruzando el gran río encontraría
a otra ave de rapiña.
Norast era una tierra de mucha
historia. Contaba con un ejército formado, con armas, caballos y grandes
batallas. Su rey Posterien, descendía de un linaje de puros guerreros. Su
abuelo había conquistado gran parte de esa zona, luchó y acabó con muchos
enemigos, hasta que fue eliminado a traición por un grupo de rebeldes que se
amotinaron contra el mismo en el mismo castillo de Norast. El padre de
Posterien logró huir, armar otro ejército y luego de varios años, ocupar
nuevamente el trono que por sangre y derecho le correspondía. Luego, falleció y
tomó su lugar Posterien, quien también siguió luchando en muchas batallas.
A diferencia del fuerte linaje real,
los hijos del rey Posterien no tenían el mismo sentir, siendo indiferentes a los
sacrificios del reinado. Los hermanos Sasterien y Lenstien no tenían valor ni
condiciones, eran pueriles e ingenuos y les encantaba saborear de los placeres
de todo tipo. Su padre no sabía cómo sacárselos de encima, por lo que luego de
mucho reflexionar creyó oportuno aliarse con Alobio, lo que significaría en la
región paz y tranquilidad, y a la vez, enviar a sus hijos a Caratope para que
allí vean la diferencia que existe entre la residencia real y la simple
hospitalidad de otros. Sin embargo, se equivocó en esto último, sin saberlo, pues
Alobio adoraba a esos jóvenes y les hizo saborear los placeres más bajos, organizando
banquetes abundantes, extensos, donde dos o tres mujeres no se les despegaban
en toda la noche, exprimiéndoles a ambos hasta lo último del jugo del amor. Alobio
los mimaba a ambos, dándoles todos los gustos, fiestas abundantes y de ese
modo, hacía de los mismos lo que quería.
Los hermanos no tenían un solo día de
sobriedad, y causaban furor entre las doncellas del palacio, pues compartían
con todas largas horas de amor, embriaguez, bailes, y ni bien amanecía, seguían
con sus tertulias, recorriendo en más de una oportunidad todo el palacio
desnudos, embriagados y teniendo relaciones en cualquier lugar. El palacio de
Alobio no era tan grande como el Norast, pero sí estaba preparado para fiestas
y lujurias. El servicio estaba acostumbrado a ese ritmo, pues el mismo Alobio
alguna vez hacía exactamente lo mismo y éstos, pues eran funcionarios de primer
rango que debían ser tratados casi del mismo modo que el rey.
La alianza entre Alobio y Norast
también prosiguió por el tiempo que Alobio reinó, y el ejército de Norast
acudió las veces que Alobio lo requirió contra Rojo, pero al igual que siempre,
Rojo se impuso a éstos, en varias oportunidades, terminando con los mismos. El
mismo Rojo mató a Posterien, a sus hijos y demás descendientes en Norast, y Doni
Rojo destruyó a su ejército privado de protección.
Novela: Rojo
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